domingo, 13 de agosto de 2017

EL EXTRAÑO CLEMENTE RÉBORA




 VOZ DESDE UN MIRADOR MUERTO

 Un cuerpo aplastado a pulpa
 Resurgiendo con ondas de cara
 Desde el hedor del aire arrancado con los dientes.
 La tierra un fraude.
 Cableado-de-furia no he de llorar.
 Eso es para aquellos que pueden, y para el lodazal.
 Pero si regresas
 Un hombre de la guerra
 No andes contándole a aquellos que no saben:
 No andes contando esta cosa donde sea que hombre
 Y vida estén aún hablándose.
 Pero agarra a la mujer
 Una noche, después de una vorágine de besos,
 Si es que regresas;
 Y sisea en su oído que nada en este mundo
 Redimirá lo que se ha perdido
 De nosotros, lo putrefacto de este lugar.
 Aferra con fuerza su corazón hasta casi ahogarla;
 Y si ella te ama, lo sabrás a través de la vida
 Mucho después, o nunca jamás. 

Clemente RÉBORA nació en Milán en 1885, en una fami-
lia genovesa laica. Fue oficial en el frente nor-oriental du-
rante la Primera Guerra Mundial. Resultó gravemente heri-
do por metralla, y fue hospitalizado por "fuerte trauma ner-
vioso" y diagnosticado (sic) como "una manía por lo eterno".
Parece ser que a ciertos poetas le tocan diagnósticos poéticos.
Luego de la guerra y de una larga crisis espiritual, se convir-
tió en sacerdote en 1936. Algunos señalan que en un verso
de los años 20, anticipaba esa conversión:
 "Dall'imagine tesa
 Vigilo l'istante
 Con imminenza d'attesa..."
 Es uno de los grandes poetas italianos del Novecento, y po-
dríamos decir, de toda la historia literaria italiana.
 Murió en Stesa en 1957.



 FUENTE

 MPT. Centres of Cataclysm. Bloodaxe Books, 2016.
 La versión en inglés es de Cristina Viti.

martes, 8 de agosto de 2017

UN CATÁLOGO DE IMÁGENES




 Que las palabras puedan suscitar imágenes es algo de lo
mucho que damos por sentado, pero cuyo proceso mental 
es de una gran complejidad. ¡Tamaña traducción! Lo inte-
resante de este proceso es, según me parece, que se pueden
crear imágenes, además de representarlas. En otras palabras
-nuevamente palabras- que se pueden generar imágenes que
nunca han existido, además de reproducir lo mejor posible
las que sí existen. Con lo cual la cuestión de la existencia
se amplifica notoriamente. De hecho ("hechos y no pala-
bras"), la reproducción verbal o escrita de las imágenes
'reales' suele resultar bastante aburrida. ¿Cómo no preferir
la imagen 'real' a la descriptiva? Razón suficiente para desba-
ratar la locura del 'realismo socialista', por ejemplo. El arte
de la palabra en este caso produce justamente una realidad
nueva, una porción de realidad que se agrega al núcleo en
expansión de Lo Real. En un procedimiento de traducción
también gigantesco, las artes visuales recorren otro camino:
a través de una imagen que hasta entonces no existía, crean
una forma de nombrar sin palabras, aportan un lenguaje a
lo que permanecía silencioso, opaco, invisible. 
 Ambos idiomas sólo adquieren sentido si se enlazan a las
emociones humanas. Ese otro misterio que podríamos ca-
tegorizar como tan importante como el paso del tiempo.
 "Misterio" y "paso del tiempo", lo habrán notado al leerlas,
son sólo palabras, cuyo puente con algo  al cual se refieren
nos parece -otra vez- evidente sin serlo en modo alguno.
 Por otra parte, un catálogo como este no pasa de ser un
muestrario casi ridículo de lecturas y preferencias. Una pe-
queña muestra. Subrayados de muchos años sucesivos que 
se vuelven públicos en este momento.


 En alguna parte del mundo, al pie de un terraplén,
 un desertor parlamenta con centinelas que no
 comprenden su manera de hablar
 Robert DESNOS. Poesía francesa contemporánea.

 Leysin. Nieve y nubes en el valle hasta las cumbres. Por
encima de este mar inmóvil y algodonoso, los grajos como
gaviotas negras vuelan en bandada, recibiendo sobre sus
alas la llovizna de nieve.
 Albert CAMUS. Carnets.

 ...en el delirio, en el ensueño, en la demencia, la intensidad
de las imágenes es absolutamente comparable a las de las
sensaciones
 Macedonio FERNÁNDEZ. Citado por Germán García, en
"Macedonio Fernández, la escritura en objeto".

 El nombre, con su cuerno, abre un camino en el sueño y
el hombre camina por ese sendero. Un sendero tembloroso.
Siempre crudo.
Roberto BOLAÑO. Putas asesinas.

 Imagina que te acercas a un espejo. En él se forma una ima-
gen: tu nariz, tos ojos, tu boca, tu traje. Eres tú, deberías ser
tú. Sin embargo hay algo en el reflejo, algo que no es el ver-
de de los ojos, ni el dibujo de los labios, ni el corte del traje,
algo que te hace decir bruscamente: han puesto a otro en el
espejo en lugar de mi reflejo.
Jean Paul SARTRE. Cit. por Bernard-Henry LEVY, en "El
siglo de Sartre". Dice que esta idea le surgió al filósofo fran-
cés al notar el parecido inquietante de las dos orillas del Gran
Canal, en Venecia.

Los ásteres azules están poblados de antómidos. Una Vanes-
sa atalanta pasó rozándolos. Luego se lo tomó con calma pa-
ra que yo pudiera admirarla; merece la pena, porque los hilos
rojos se le desprenden de la delicada estructura.
Ernst JÜNGER. Pasados los setenta V. Diarios 1991-96.

 como rosas en un banco de hielo
 Jean COCTEAU. Thomas el impostor

 Sólo innumerables cadáveres de sandalias difuntas. Un ta-
piz de sandalias.
Víctor SEGALEN. Viaje al País de lo Real. (Un viaje por la
China Central, en 1914.)

 Mirábamos la luna redonda y un montón de lucesitas 
zambullidas en la coloreada noche como el alcohol verde
 Giorgos SEFERIS. 6 noches en la Acrópolis.

 el invierno tiene en Inglaterra el aspecto incoloro y hu-
meante de una freiduría de pescado.
 V.S. PRITCHETT. Cit. por Martin Amis en "Visitando a
Mrs. Nabokov".

 colgaban los pensamientos como banderas bajo la lluvia
 Marnix GIJSEN. Poesía belga contemporánea.

 las escaleras descendían al césped
 Jean RHYS. Sonríe, por favor.

 Es una rinconada de la calle. Los sacerdotes se precipitan
en ella como el vino en el embudo. Llevan vendas que su-
jetan sus sombreros recogidos por las manos. Todos pade-
cen dolor de muelas.
 Max JACOB. El cubilete de dados.

 Urracas devoran orugas de primavera.
 Alberto LAISECA. La mujer en la muralla.

 Una imagen literaria destruye las imágenes perezosas de
la percepción. La imaginación literaria desimagina para
mejor reimaginar.
 Gaston BACHELARD (¿Fuente?)

Con todo, seguía sin poder dar crédito a mis ojos: los árbo-
les de un verde dorado, la anciana de paseo con su pequinés, 
los niños que salían de una casa corriendo hacia el buzón de
la esquina, sus gritos como molinillos suspendidos en el ai-
re otoñal.
Amitav GHOSH. Líneas de sombra.

Su alma se desvanecía poco a poco mientras oía derramarse
la nieve débilmente sobre todo el universo, como a la llegada
de la última hora a todos los vivos y los muertos.
James JOYCE. Dublineses.

Con botas de 7 estrellas ven por la noche
y envuelto en amor acércate a mi carpa.
Las lunas se elevarán de las polvorientas cajas del cielo.
Descansaremos de nuestro amor como dos fieras raras
en las altas cañas donde termina el mundo.
Else LÁSKER-SCHÜLLER; Cit. por F. Grunfeld en "Pro-
fetas malditos".

Lluvia pálida sobre el puerto que se desvanecía
y sobre la iglesia tamaño caracol mojada por el mar
Dylan THOMAS. Poemas.

Camina despacio, porque caminas sobre mis sueños.
William Butler YEATS. Cit. por Henry Bauchau, en "El
bulevar periférico".

 En la autopista, a la altura de las torres de Marcouville,
un gato aplastado, como sellado en el asfalto.
Annie ERNAUX. Diario del afuera.

 y el cielo es de un azul que te obliga a mirarlo en busca del
oro de los ángeles, el aire, claro pero no completamente cla-
ro, porque hay una humedad tenue, finísima, y es tan deli-
cioso observar a través de ella (o casi mirarla directamente)
que a uno le dan ganas de frotársela por la piel, un aire cuyo
grosor tiene la capacidad de volver palpables los espacios:
en mañanas como estas nada parece estar mal.
Harry MATHEWS. Veinte lineas por día. (Una joya)

¡Ah, hoguera de madera muerta sobre el hielo
(¡Oh, flama de un instante, corazón ávido de olvido...!)
Oscar L.W. MILOSZ. La bruma y otros elementos.

El lago
las orillas
absortas.
Johannes BOBROWSKI. En Hora de Poesía 94-6.

A la lámpara se le rompe el corazón de luz.
Ingeborg BACHMANN. Id O.

Primavera: el viento turba al río pero el cielo es impertur-
bable.
SU-TUNG P'O. En O. Paz. "Versiones y diversiones", tam-
bién.

 La luna emerge tras las rocas, y la ciudad blanca se vuelve
aún más blanca, las piedras compiten con la luna por ver 
quién brilla más, y en dulce armonía fluyen el Ródano y el
Saona, uno con prisa, el otro con parsimonia, ambos rumbo
a la misma meta, la unión tanto tiempo deseada, y abrazan
la ciudad blanca como si fuese un tesoro, para nunca más
soltarla.
Joseph ROTH. Las ciudades blancas. (La experiencia más 
plena de alegría de este escritor extraordinario).

Ella sonrió su sonrisa lejana. Significa que el universo no
tiene confines, contestó.
Antonio TABUCCHI. Para Isabel. Un mandala.

Me helaré hasta el cielo,
las estrellas como peces se congelarán en mí
y en el hielo transparente
se estremecerá el remolino del mundo.
Frantisek HRUBIN. En Cormorán y Delfín, N° 26.

 Abro la escotilla: la luna ha inundado el lago.
 Marineros y pájaros acuáticos sueñan el mismo sueño.
 SU TUNG PO (1037-1101). En Octavio Paz: "Versiones
y diversiones".

 Hay jardines que ya no tienen país 
 Y están solos con el agua
 Georges SCHEHADÉ. Poesías.

 Paisajes como cubrirse con una manta la cabeza.
 Henri MICHAUX. Ecuador.

 y el sol de octubre,
 como en verano,
 en el hombro de la colina.
 Dylan THOMAS. Poema de octubre.

 como la lluvia y las abejas en la luz
 Oscar L. MILOSZ. Poemas.

 El pulso del estanque late
 Michel DELGUY. Antología de la poesía francesa.

 Estoy solo en una galaxia de imágenes
 Hans M. ENZENBERGER. 

 Aquello que es del dominio de la imagen es irreductible
por la razón y debe permanecer en la imagen so pena de
aniquilarse.
 Antonin ARTAUD. Van Gogh, el suicidado por la sociedad.

 Negras las banderas
 cubriendo el cielo
 Max AUB. Antología apócrifa.

 Es primavera: 
 la colina sin nombre
 entre la niebla
 BASHO. Antología del Haiku.
(Hay que decirlo: los poemas chinos, y casi diría 'orientales',
si incluimos a los japoneses y a los coreanos, son un semille-
ro interminable de imágenes. Es como pescar con red en me-
dio de un cardumen.)

 El niño ciego
 guiado por su madre
 frente al cerezo en flor.
 ENAMOTO KIKAKU (De un ejemplar de la Revista Fic-
ción de hace muchos años; una nota de Osvaldo Svanascini).

 Es una mujer joven y bajo sus pasos las imágenes se levan-
tan en profusión.
 Julien GRACQ. ¿Se llamaba 'El ojo del bosque' su novela?

 Las fronteras todavía cuelgan como mangas
 Los cocheros del juego de sombra contemplan en la
orilla del mar a los centinelas de la inmovilidad.
 Louis SCUTENAIRE. Antología de la poesía surrealista.

Ayer, Dunkerke bajo una lluvia siniestra. Ciudad inglesa. A-
vería en La Panne, inclinado sobre su caja de herramientas,
escuchaba a alguien decir detrás mío: "No me extraña que
no me respondan en el Ministerio de Guerra". Me doy vuelta,
era el rey. Miraba nuestra depresión con su ayuda de campo.
Muy chic, anteojos, con el aire del "profesor de matemáticas
buen tipo".
Jean COCTEAU. Cartas a mi madre.

porque los labios de ella parecen mascar y mascar en la di-
rección de las manecillas del reloj. Una vez tiene que ahogar
una carcajada porque se imagina cruzando el ecuador con e-
lla, llegando al hemisferio sur y sintiendo su boca cambiar
de dirección.
Kathryn HARRISON. La mujer de nieve.

 En cuanto "hijo de buena familia", educado, bastante sano,
ni feo ni guapo, sólo pasable, haciéndole la corte a sus pri-
mas, alumno mediocre, un tanto enmadrado, delicado, in-
quieto, y al mismo tiempo burlón, parlanchín, provocador,
a menudo insoportable en el colegio y golpeado por sus
compañeros más mayores, sociable, frívolo, audaz o tímido
según las circunstancias.
Witold GOMBROWICZ. Testamento. [Un esbozo de auto-
retrato]

 Medianoche. Sin olas,
 sin viento, el bote vacío
 está inundado de luz blanca.
 DOGEN (1200-53). Zen poems

 ...y que lleva a la hierba veloz por un largo sendero hacia
el aire vivo
 Adrienne RICH. La extranjera.

 conciencia semejante a una sucesión de lavas
 Henri MICHAUX. Movimientos/ Yantra.

 En el sueño de aproximarme a los 40 me vi como si estuvie-
ra a punto de morir y comprendí que no era yo mismo, sino
un ser habitado de arriba abajo por parásitos, como una oruga
ocupada por las larvas del icneumón.
 Cyril CONNOLLY. La tumba sin sosiego.

 Los chicos de Sarajevo. huérfanos en medio de las ruinas.
Está Mario. Dice: "a la noche sueño que mi mamá está viva",
Tiene un gorro que le tapa los ojos, sonríe. La tele lo vuelve
luminoso, como si estuviera en un vitral.
Annie ERNAUX. La vida exterior.

Noche muy corta
Con perlas de rocío
Sobre la oruga
BUSON. Jaikus inmortales.

 Al principio buscábamos estas imágenes con la obsesión
del coleccionista. Hasta que al final comprendimos la verdad: 
eran ellas las que nos habían buscado. 
Isaac LENAU. Cit. por Allan Wall en "Bendito sea el ladrón".

Unos levantan chozas
de sal rosa.
Jean TORTEL. Antología poética francesa.

El viejo granjero con mameluco cuelga de una viga del gra-
nero. Las vacas miran de costado. La vieja arrodillada, bajo 
los pies que se balancean, con el vestido negro de domingo,
y tocando el suelo con la frente como una musulmana. Afue-
ra, el cielo está lleno de nubes espumosas sobre un intermi-
nable campo arado sin otras señales a la vista.
Charles SIMIC. El mundo no se acaba.

O en la carretera de Rublovka, el Neuilly ruso; abedules ilu-
minados de noche por los fuegos artificiales. Los troncos 
blancos alineados parecían pajas translúcidas que aspiraban
la nieve hacia el cielo.
Frederic BEIGBEDER. Socorro, perdón.

Eran las diez mil fotos famosas que Atget había hecho de un
París ya fenecido, aquellas magnas imágenes calladas, baña-
das en el color pardo del cloruro de oro.
James SALTER. Juego y distracción.

las curvas de un vaso reflejan los rostros
Jean FOLLAIN. Espacio del instante.

El mundo se va encogiendo y concentrando a medida que pa-
samos más tiempo en él.
Richard FORD. Francamente, Frank.

una película de 5 minutos rodada en la Atenas del s.V mo-
dificaría de arriba abajo la visión que de ella nos dan los his-
toriadores.
Claude LÉVI-STRAUSS. De cerca y de lejos.

ya para siempre seguro como un insecto preso en el ámbar
bello como una catedral de helechos en el carbón salvada
Zbiegniew HERBERT. Informe desde una ciudad sitiada.

El Fakahatchee es de una belleza particularmente extraña y
excepcional. Bajo la luz del sol las praderas de hierba parecen
un gran manto de seda salvaje.
Susan ORLEAN. El ladrón de orquídeas.


El Kremlin no es más que una isla negra, contra la que rom-
pen las olas del mar en llamas.
CHAUTEBRIAND. Cit. por W.G. Sebald en "Historia de la
destrucción".

el quemante frío iluminaba
las inscripciones labradas de los parientes de mi madre;
20 o 30 Winslows y Starks.
La escarcha les había otorgado a sus nombres un borde de
                                diamante.
Robert LOWELL. Poemas.

La obra es, como quería Walter Benjamin, la mascarilla fu-
neraria de la concepción.
W.G. SEBALD. Entrevistas.

El piso más mojado como vidrio
Refleja una gaviota parada.
Robert FROST. Cit. por Brodsky en "Conversations with
Joseph Brodsky".

así como las palomas que recorren el zinc, con las manos a
la espalda, de un lado para otro.
Jean COCTEAU. Opio.

-Bueno, si haces arder totalmente una cerilla se retuerce por
completo, esto produce, naturalmente, una enorme tensión
momentánea en el material. 
-En Nepal asistí una vez a una cremación pública: junto a un
río -era mentira, sólo lo había leído, pero veía la pira ante mí.
- ¡Oh! ¿Y qué ocurrió?
-El cráneo estalló. Hizo un ruido espantoso. Era como si se
estuviera asando una castaña enorme.
Cees NOOTEBOOM. La historia...

No por ello satisfecho. Todo lo contrario: martirizado, tenso,
inquieto y sin encontrar nada importante que asir, vigilando
sin tregua, la cabeza constelada de ventosas.
Henri MICHAUX. Retrato de los Meidosems.

como un tractor parado por la tarde en los surcos de un cam-
po que no terminó de ararse
H.M. Id.

Las clavijas de las góndolas-violines se mecen emitiendo un
silencio intermitente.
Joseph BRODSKY. Marca de agua

Loa ríos se entretejen como cintas -más o menos plateadas-
en la llanura.
Alfred POLGAR. La vida en minúscula.

La primera imagen del día: no tanto las cimas de Albania,
cubiertas de nieve, al otro lado del lago, cuanto el reflejo
tembloroso de los cristales del autobús circulando por el
asfalto.
Peter HANDKE. Ayer, de camino.

Como una mosca patilarga en el arroyo
se mueve su pensamiento en el silencio.
William B.YEATS. Cit. Por S. Heaney, en "De las emocio-
nes a las palabras".

Una draga que arrastraba un bote a muchas brazas a estribor,
de manera remota, umbilical.
Malcolm LOWRY. Piedra infernal.

los clérigos jóvenes que se reunían junto a la iglesia el sába-
do por la tarde
Adam ZAGAJEWSI. La belleza ajena.

 En un lejano recodo del verano
unos monjes juegan al fútbol.
John ASHBERY. En la revista Hablar de Poesía N° 8.

una chica pequeña guiaba a una chica más pequeña aún por
una calle polvorienta directamente hacia adentro del mundo.
Werner HERZOG. Conquista de lo inútil.

El hijo mayor de nuestro Emperador es todavía un niño, pero
se ve espléndido cuando está en brazos de sus Excelencias,
sus guapos tíos jóvenes, o cuando lo atienden los cortesanos
ancianos, o cuando su caballo es llevado a una ceremonia. Al
ver al joven Príncipe en esos momentos, se diría que nada in-
conveniente podría sucederle jamás.
SEI SHONAGON. El libro de la almohada.

Yo no podía hacer la Gran Muralla
sin cortar las venas de la tierra.
MENG TIEN. Cit. por Roberto Calasso en "Los cuarenta y
nueve escalones".

Desde que se instalaron los vertederos de basura en Bogdans-
ki Dolina y los montones de desperdicios crecen hasta el pun-
to de cerrar el paso a los vientos del norte, el aire se enturbia
hacia el mediodía sobre la ciudad, la campana gelatinosa del
hedor vibra sobre los tejados y hasta las gaviotas más feroces
enmudecen en su interior. Un silencio paralizante se cierne
sobre los muros y solamente pueden oírse las moscas que
golpean las ventanas. Atraviesan incluso los cristales y reco-
rren las sombrías habitaciones como negros latigazos.
Ádam BODOR. La visita del arzobispo.

 De algunas casas sobresalían espejos en soportes metálicos.
Estos espejos servían para que los habitantes pudieran ver,
sin asomarse a la ventana ni ser advertidos, quién llamaba a
la puerta. También mi reflejo reverberaba en ellos. Me pare-
cía que, a través de esta multitud de lunas bruñidas, en cual-
quier momento podría deslizarme a un mundo paralelo. Me
asustaba la idea de que al otro lado, dentro, oculta tras las
cortinas, pudiera verme a mí misma pulsando el timbre de
la puerta.
Dubravka UGRESIC. El ministerio del dolor. [Este libro 
trata el asunto del exilio, en este caso de Croacia a Holanda.]

El sol helado se alza silenciosamente
A través de la ventana cerrada.
LI CH'ING CHAO. 100 Poems from the Chinese, de Kenneth
Rexroth.

     TS'AI CHI'H
Los pétalos caen en la fuente,
    los anaranjados pétalos de rosa,
Su ocre se pega en la piedra.
Ezra POUND. Antología (ed. Visor)

 Una familia sentada en una piragua; la madre con un brillan-
te vestido amarillo, la niña con un bebé en su regazo sonrien-
do como un piano abierto.
Graham GREENE. En busca... (Resulta q en los cuadernos
anotaba estas cosas con esta clase de abreviaturas. En ese
momento tenía tan presente el título del libro, que pensaba
que nunca me lo olvidaría.)

 Cerca de la estación de Montevideo, en plena ciudad, en las
horas de calor, una tropa de elefantes resoplaban echados so-
bre los lomos, en un terreno baldío entre los edificios de ren-
ta. Hombres de impermeables los lavaban con mangueras, 
Los animales, chorreando agua, se entregaban a ridículas obs-
cenidades, que el tamaño de sus órganos y el uso soprendente
que daban a sus trompas hacían absolutamente monstruosas.
Roger CAILLOIS. La incertidumbre que nos dejan los sue-
ños.

pequeños campanarios innumerables y en un simple jardin-
cillo, entre miles de hierbas, el laberinto del eterno retorno.
Henri MICHAUX. Escritos sobre pintura. (Describiendo un
cuadro de Klee).

 Quien llegue a estos parajes provisto de la paleta de los pai-
sajistas italianos tendrá que deshacerse de los colores dulzo-
nes. La tierra está agostada por el sol, enronquecida por la
sequía, y tiene un color ceniciento que de vez en cuando se
torna violeta o agresivamente rojo.
Zbigniew HERBERT. El laberinto junto al mar.

 CUMBRE DEL HUAZI
 pájaros
       pájaros
 en el espacio eterno
WANG WEI. Poemas del río Wang.

 Largas y delgadas
 tiemblan de rocío
 las valerianas
Matsuo BASHO. Diarios de viaje.

donde las cosas inanimadas tienen la fijeza de una ebrie-
dad recién desaparecida
Fleur JAEGGY. Vidas conjeturales. 

 Sócrates aconsejaba a los jóvenes que se miraran a menudo
en el espejo: para que, viendo lo hermosos que eran, se vol-
vieran dignos de ello (axioi gignointo).
Guido CERONETTI. El silencio del cuerpo.

 Este "mucho más" tiene que ver con cosas sutiles. Podría
decirse que tomar una esposa es dotarse de una historia. Y
si ello es así, debo entender que yo estoy ahora fuera de la
historia. Como los caballos y la niebla. O podría decirse
que mi historia me ha dejado. O que he de seguir viviendo
sin historia.
Raymond CARVER. Tres rosas amarillas.

 el desierto, su corazón seco bombea arena
Wojciech KASS. En Poesía a contragolpe. Antología de
poesía polaca contemporánea.

 Pasaba horas desmedidas en el gigantesco barrio de Hrads-
chin, desierto y silencioso. A la sombra de su catedral, a la
hora en que bajaba el sol, mis pasos solitarios hacían retum-
bar las calles.
Albert CAMUS. El revés y el derecho.