jueves, 19 de octubre de 2017

EL POETA LITUANO AIDAS MARCENAS

  


  HABLEMOS DE VENGANZA

 ya es una costumbra idiota
 morirse

 voy a morir súbitamente -así ellos
 no tienen tiempo de entender, voy a sacudirme
 sacudirme y sólo -cómo puede ser
 lo vi ayer, estaba lleno
 de planes, quién
 hubiera pensado, o -
 es ridículo, habíamos 
 acordado, sí sí

 o no -moriré lenta
 y dolorosamente, así ven,
 los bastardos, lo que les espera



 UN FORO INTERNACIONAL

 gente inteligente,
 madura, ¿y qué 
 hacen consigo mismos?

 sólo escriben poemas

 y si hacen algo
 útil

 lo hacen simplemente para 
 poder seguir escribiendo poemas

 sólo escribiendo
 poemas, Señor, 
 qué hermoso

 en las alturas

 de tu idiocia



 CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA

 la mente, su singular,
 especie única,
 una mente eternamente sonriente

 es habitualmente más filosa por las noches
 mi pura pequeña mente
 si lo pensás de esa manera-
 tengo algo ahí

 mi mente, un molino,
 una mente generando viento
 cuando salgo

 salgo a pasear mi perrito
 con mi perrito cagador
 soy un idiota
 meditando bajo las estrellas



 MI TÍO

 filosofando acerca de la vida
 escribe toda clase de tonterías,
 quiere explicarlo todo- hasta
 el final si empieza este av ovo,
 queriendo caracterizar una espina
 él hablará de la flora
 en la era Paleozoica, horrorizando
 a sus estimados colegas moralistas
 con aventuras sexuales literarias

 y después de la guerra se ganó la vida
 en la farmacia, cantando, ahorrando
 se compró una gallina, cada día

 sin palabras tuvo su
 propio huevo personal



LAS PUERTAS A TRAVÉS DE LAS CUALES PARTE
EL AMOR

 las puertas a través de las cuales parte el amor, las puertas
 al amor son tan chicas,

 las puertas al jardín de frutales demasiado crecidos,

 las verjas,
 cubiertas de oraciones garabateadas, pequeñas verjas

 golpeando las verjas bañadas en oro del cielo,
 ordeñando el temor a la muerte

 con ojos sorprendidos, eternamente jóvenes-
 un pequeño agujero de espiar

 una ventana para mirar afuera en mi vejez,
 para mirar todo lo que aún se mueve,

 una ventana con un geranio



ARS POETICA

 El mundo está llegando a su fin, por lo tanto
 vos tenés que escribir poemas.

 Todos los días, firmemente resuelto,
 como si hicieras un trabajo significativo,
 trabajo que sólo vos entendés,
 trabajo como construir una casa, o
 un barco para tu menguante familia,
 o restaurar un templo sagrado
 para una religión muerta hace rato.

 Tenés que escribir poemas
 hasta los domingos, porque
 el domingo es un feriado y porque tu trabajo
 es como el trabajo de un sacerdote.
 Y, porque el mundo está llegando a su fin día tras día,
 y puede terminar, aún un domingo.

 Por ende, tenés que escribir poemas,
 tenés que construir tu propia casa, aún si
 no va a haber nadie para vivir en ella
 tenés que poner los cimientos pacientemente
 día tras día porque es el fin
 si Dios muere antes que el lenguaje
 y el lenguaje muere antes que el mundo. 



 EL CAJÓN DEL INFIERNO

 en el infierno del cajón, donde
 viejas notas, textos
 que se salvaron del fuego, manuscritos, que
 como todos sabemos, no arden, cartas de amor

 de un gran amor, o, cartas como "sería una buena cosa
 si encontrases un lugar adónde ir, juntaras tus cosas,
 y te mudaras," sufrí

 por todos tus pecados, mierdita


 Aidas Marcénas nació en 1960 en Kaunas, Lituania. Ade-
más de poesía, escribe ensayos y crítica literaria. Estudió en
los Conservatorios del Estado de Lituania, tanto en Vilna co-
mo en Klaipéda. Ha obtenido varios premios literarios y ha 
sido traducido a varias lenguas (ruso, polaco, letón, alemán,
inglés, francés y sueco). Estas dos menciones (premios y tra-
ducciones) parecen ser la medida de los méritos de un escritor
en estos tiempos.
 Actualmente vive en Vilna.

  FUENTE

 Eugenijus Alisanka (Ed.). Six Lithuanian Poets. Arc Publi-
cations, 2008.

 Las versiones al inglés de Mi tío y de Hablemos de venganza,
son de Jonas Zdanys. Las de Las puertas a través de las cuales
parte el amor, así como Ars poetica, Un foro internacional, 
Crítica de la razón pura y El cajón del infierno, son de Laima
Vincè.


martes, 10 de octubre de 2017

"ÉPICA DE LOS CABALLEROS", POESIA TRADICIONAL DE ALBANIA. UN FRAGMENTO




  "La épica de los caballeros" pertenece a las raíces del pue-
blo albanés. Es el orgullo tanto de ese pueblo como de los
vecinos kosovares, una parte de su identidad, podría decirse.
Fue escrito en las tierras altas, y la fecha no está precisada.
Digamos que proviene de la tradición oral, cuyas raíces es-
tán sumergidas en los mismos inicios de su historia.
 En este fragmento, traducido al inglés por Robert Wilton, 
Omero, el hijo de Gjeto Basho Muji y de su esposa Ajkuna,
ha sido asesinado defendiendo un castillo.
 Es necesario aclarar que "Albania" es un nombre adjudica-
do por los extranjeros, debido a la blancura que genera las
grandes nevadas sobre su territorio, la mayor parte del cual
es montañoso. Su nombre es Shqipëri, un nombre originado
en 1433 por una valerosa rebelión contra los conquistadores
turcos, que significa "Tierra de las Águilas".
 El albanés es un pueblo mayormente musulmán, mayormen-
te campesino, muchas veces sometido por vecinos poderosos,
cuya lengua ha sido formalmente codificada hace pocas déca-
das.


 EL LAMENTO DE AJKUNA

 El día ha amanecido pero no da luz,
 el sol se ha elevado pero no da calor.
 ¿Qués está haciendo Gjeto Basho Muji?
 Muji está enterrando a su propio amado hijo...

 Por fin Muji emprendió el solitario sendero a casa,
donde la madre del muchacho le espetó directamente:
¿Nuestro hijo? Mujo, ¿porqué sacudes la cabeza?
 ¿Quieres decir que lo has dejado en el valle verde, muerto?

 Una desgraciada viudez es ahora su camino;
 las estrellas han fijado una vida para ella: la pena.

 Cuando al fin ella arribó al valle verde,
 la madre comenzó a maldecir a la luna:
 -Que tu luz se apague, viejo señor luna,
 que no enviaste una señal, ni una sola,
 al valle verde, para que yo pudiese correr
 para entrar a la tumba junto a mi hijo.

 Cuando ella llegó a la tumba de su hijo,
 vio el haya, de tres siglos de edad,
 las ramas del haya enroscadas sin ton ni son,
 algunas de las más finas derramándose sobre la tumba.

 Para hijo y rama un hermoso lugar;
 una lágrima cae sobre el polvo que ella ama.
 Han dejado de cantar, las palomas de la montaña,
 Han dejado de cantar para escuchar.

 -¿Y no te das cuenta de quién ha venido,
 ingrato y dormido
hermoso hijo mío, oh?

 Un último deseo, hijo:
 deja por una sola vez tu oscurecida prisión,
 sólo una palabra del hijo que yo dí a luz;
 nunca estuviste ausente tanto tiempo antes de hoy...
 Hermoso Omero mío, oh
 ¿es que estás esperando tu caballo?
 Corre a jugar a la iglesia una vez más;
 ve y caza liebres junto al rugido del Shala;
 escala los picos con los fantasmas de los valientes;
 tu pobre madre vigilará tu tumba,
 hermoso hijo mío, oh...


[Es probable que "Shala" sea un río, y seguramente no se tra-
ta de la diosa sumeria del mismo nombre]

FUENTE

 Modern Poetry in Translation. Third Series- Number Thir-
teen. Transplants. Londres, 2010.


jueves, 21 de septiembre de 2017

LAS AMANTES DE DIOS (7): HILDEGARDA DE BINGEN (1098-1179)

  



 Santa Hildegard de Bingen es una de las más famosas
mujeres místicas de Occidente. Fue "dada" a Dios a los
8 años, cuando se la envió a vivir en la comunidad Bene-
dictina de una mujer que se consideraba sagrada, llamada
Jutta. Era la décima hija de sus padres. Desde muy tem-
prana edad experimentó tanto la clarividencia, como visio-
nes de despertar. A los 5 años predijo las señas de un ter-
nero que estaba por nacer. Pronto aprendió a ocultar sus
dones especiales, y recién a los 42 años, cinco después de
haberse convertido en la abadesa del convento en el que se
había convertido la comunidad de Jutta, una voz le ordenó
dar a conocer sus experiencias. En su vejez, Hildegard des-
cribió su campo visual como uno en el que siempre hubo
una luminosidad de fondo en la cual se proyectaban sus
visiones; fenómeno al que denominó "la sombra de la Luz
viviente."

 Su primer libro fue las Scivias, escrito durante diez años,
tiempo en el cual sus visiones fueron refrendadas tanto por
Bernard de Clairvaux como por el Papa Eugenio III. Pronto
se hizo famosa más allá de Alemania, y su consejo era bus-
cado tanto por la gente común como por clérigos y potenta-
dos reinantes de Europa. A los 60, en una actividad sin pre-
cedentes en una mujer, comenzó el primero de cuatro viajes
de predicación, que llevó a cabo a pesar de sus enfermeda-
des durante el resto de su vida. Scivias es la abreviatura de
Scito vito Domini, "Conoce los caminos del Señor".

 Asimismo fue una líder comunitaria y no dejó de partici-
par políticamente, como cuando reprendió al Sagrado Em-
perador Frederico I por respaldar a un falso papa.
 Su obra contiene detalladas descripciones así como pintu-
ras de sus visiones, así como dos extensos tratados de cien-
cia natural, ética, medicina, y cosmología. Los poemas que
siguen provienen de la Sinfonía de la Armonía de las Reve-
laciones Celestiales. Fueron escritas en latín (su latín medie-
val no era completo y sus versiones debían ser corregidas por
dos ayudantes) como parte de la liturgia de las monjas, y eran cantadas con música escrita por la misma Hildegard. Ella se describió a sí misma como "La trompeta de Dios", un instru-
mento, una mensajera del Señor.


 ANTÍFONA PARA LA SABIDURÍA DIVINA

 ¡Sofía!
 tú la de las alas giratorias,
 rodeando envolviendo
 energía de Dios:

 tú aceleras al mundo en tu abrazo.

 Un ala se eleva al cielo
 un ala barre la tierra
 y la tercera vuela a nuestro alrededor.

 ¡Alabanzas a Sofía!
 ¡Que toda la tierra la alabe!



 ANTÍFONA PARA LOS ÁNGELES

 ¡Luz animada! en el borde
 de la Presencia tu anhelo
 arde en la secreta oscuridad,
 oh ángeles, insasiablemente
 hacia la mirada de Dios.

 La perversidad 
 no podría tocar vuestra belleza;
 ustedes son alegría pura.
 Pero vuestro perdido compañero,
 ángel de las alas torcidas
 - él buscó las cimas,
 se hundió en las profundidades de Dios
 y cayó en picada más allá de Adán-
 que un espíritu formado de barro pueda elevarse.







 VERSO DE ALELUYA POR LA VIRGEN

 ¡Aleluya! emergió
 luz de tu intocado
 útero como una flor
 en el costado más lejano
 de la muerte. El árbol-mundo
 está floreciendo. Dos
 reinos se convierten en uno.



 CANTO AL CREADOR

 Tú, la-que-todo-lo-consigue
 Palabra del Padre,
 eres la luz del alba
 primordial sobre las esferas.
 Tú, la que sabe de antemano
 mente de la divinidad,
 previste todos tus trabajos
 como los predijiste,
 tu presciencia escondida
 en el corazón de tu poder,
 tu poder como una rueda alrededor del mundo,
 cuya circulación nunca comenzó
 y nunca se desliza a un final.



 ANTÍFONA PARA EL ESPÍRITU SANTO

 El Espíritu de Dios
 es una vida que confiere vida,
 raíz del árbol-mundo
 y viento en sus ramas.

 Limpiando el pecado,
 ella frota aceite en las heridas.

 Ella es vida reluciente
 atrayendo toda alabanza,
 toda-despertar,
 toda-resurrección.


 (OTRA VERSIÓN DEL MISMO CANTO)

 Espíritu Santo,
 dándole vida a toda vida,
 moviendo a todas las criaturas,
 raíz de todas las cosas,
 lavándolas limpias,
 borrando sus equivocaciones,
 curando sus heridas,
 tú eres nuestra verdadera vida,
 luminosa, maravillosa,
 despertando al corazón
 de su antiguo sueño.


 FUENTES

 Jane Hirshfield. Women in Praise of the Sacred. Harper Pe-
rennial, 1995. Las versiones en inglés son de Barbara New-
man.
 Stephen Mitchell. The Enlightened Heart. An Anthology of
Sacred Poetry. HarperPerennial, 1989. (La versión alternati-
va del último poema).


jueves, 14 de septiembre de 2017

UN POEMA DE LA UCRANIANA OKSANA ZABUZHKO

  


 UNA DEFINICIÓN DE LA POESÍA

 Sé que moriré una muerte difícil-
 Como cualquiera que ama la precisa música de su propio
                                                                                 [cuerpo,
 Que sabe cómo forzarlo a través de los huecos en el miedo
 Como a través del ojo de una aguja,
 Quien baila una vida entera con el cuerpo- cada movimiento
 De los hombros, la espalda, y los muslos
 Resplandeciendo de misterio, como una palabra sánscrita,
 Músculos jugando bajo la piel
 Como peces en una pileta nocturna.
 Gracias, Señor, por darnos cuerpos.
 Cuando yo muera, decile a los techadores
 Que desmonten los techos y el cielo raso
 (Dicen que mi bisabuelo, un brujo, finalmente logró salir de
                                                                        [esa manera).
 Cuando mi cuerpo se ablande por la humedad,
 El alma hinchada, oscura y repleta,
 Se esforzará
 Como una vena azul en un huevo hervido blanco,
 Y el cuerpo ondeará con espasmos,
 Como una frazada que un hombre enfermo se saca de encima
 Porque hace calor,
 Y el alma se alzará para abrirse paso
 Del apretar de la carne, de la maldición de la gravedad-
 El Cosmos
 Por encima del oscuro pozo del cuarto
 Chupará por su tubo galáctico,
 El cielo abriéndose en una abrasadora lluvia de estrellas,
 Y llevará al alma hacia arriba, temblando como una hoja de
                                                                                   [papel-
 Mi joven alma-
 Del color del pasto mojado-
 Hacia la libertad- entonces
 "¡Alto!" grita, escapando,
 Por la cegadora frontera 
 Entre dos mundos-
 Alto, esperá.
 Mi Dios. Por fin.
 Mirá, es de acá que proviene la poesía.

 Dedos encrespándose por la birome,
 Enfriándose, volviéndose no míos.



 (La versión del ucraniano al inglés es de Michael M. Nay-
dan y Askold Melnyczuk)

 Oksana Zabuzhko nació en Kiev el 19 de setiembre de 1960. 
Es licenciada en filosofía de las artes y es académica en el Ins-
tituto de Filosofía de la Academia Ucraniana de Ciencias. 
También se desempeña en la Universidad de Kiev, en el Departamento de Escritura Creativa. Es la escritora más famo-
sa de Ucrania. Su autobiografía se titula Investigación de cam-
po en la Sexualidad Ucraniana. 


FUENTE

Wayne Miller and Kevin Prufer, New European Poets.
Graywolf Press, 2008.

lunes, 21 de agosto de 2017

ADMIRABLE RODRIGO REY ROSA




 Muchas veces me siento tentado de rendirles homenaje a
los escritores que me producen admiración. He notado, por-
que a través de los años algunas cosas se van notando solas,
que es 'casi constantemente frecuente' que dicha admiración
se produzca cuando coinciden el plano de la valoración lite-
raria junto a la empatía que me genera el autor en cuestión.
Menciono al pasar algunos de esos casos, de los cuales Kaf-
ka y Pessoa son los más notorios. Pero también me ocurre 
con W.G. Sebald, con Joseph Roth, con Paul Bowles, con
Viktor Shklovski. Simpatía podría reemplazar a 'empatía' sin
ningún empacho. Personas que me gustaría conocer, frecuen-
tar, mirar y escuchar desde la mesa más cercana del café, aun-
que sea. Me ocurrió con Rey Rosa cuando leí Cárcel de árbo-
les hace unos cuantos años. Estoy seguro de que fue su proxi-
midad con Bowles la que me condujo a su lectura, ya que el
americano radicado en Tánger había hablado elogiosamente
de su escritura. El mismo Rey Rosa cuenta cómo y por qué se
produjo ese encuentro en Marruecos siendo él muy joven, en
uno de los artículos que componen La cola del dragón. Esa
transfusión de identificaciones, sin embargo, no podía resul-
tar decisiva: faltaba la escritura del propio guatemalteco.
 Y ésta fue llegando con el correr de los años, pero ahora 
irrumpió gracias a la sucesión de libros suyos que se publica-
ron recientemente.



 A eso habría que agregarle tanto las entrevistas que leí en la
red como las filmadas, en las que aparece un hombre cuyo
estilo tiene tanto que ver con la textura de sus relatos y no-
velas.
 No hago otra cosa que invitar a su lectura.




 Con esta acotación: creo que hay algo de su escritura que tie-
ne que ver con el maestro americano, con las diferencias pro-
pias -y fuertes- de quien nació en un país tan extremo en cuan-
to a la violencia política interna como Guatemala. Durante
muchos años puso distancia con esa violencia que muy bien
pudo haberlo devorado, para regresar a su país una vez que la
dictadura del general Efraín Ríos Montt hubo perdido su fuer-
za monstruosa. Rodrigo Rey Rosa ha viajado mucho, perma-
neciendo en esos lugares, muchas veces exóticos, durante bas-
tante tiempo. Es frecuente que en sus novelas aparezca un 
latinoamericano como personaje sumergido en un mundo le-
jano. Puede ser un colombiano, como en La orilla africana
un mexicano, como en Fábula asiática, él mismo en El tren a 
Travancore. 
 ¿Cómo no asociarlo con tres de las novelas de Bowles cuan-
do menos: El cielo protector, Déjala que caiga y La tierra ca-
liente? Sólo que en el caso de éste, se trata siempre de ameri-
canos en tierras exóticas y peligrosas.
 Sin embargo Rey Rosa ha logrado un estilo totalmente pro-
pio, aún con esa impronta del personaje cuya identidad sufre
transformaciones fundamentales en esos contextos de cultu-
ras 'fuertes' y ajenas.



 Otra diferencia que me gustaría señalar es que las novelas y
cuentos de Paul Bowles tienen un desarrollo más clásico, en
el que el final es un verdadero final, generalmente trágico.
Sus personajes van entrando en un vértigo progresivo e inex-
orable.
 Cuando parece que las historias de Rey Rosa apuntan en esa
dirección, el autor tuerce sutilmente las circunstancias, evi-
tando lo que parece inevitable. Los suyos son finales abiertos,
como, podría decirse, los tiene la vida. Suelen dejar hebras
sueltas, posibilidades diversas en lugar de un final finalizado.
 Me encanta la modestia de sus brevísimas introducciones a
Imitación de Guatemala ("Releerse a sí mismo no es necesa-
riamente una experiencia agradable, aunque puede ser instruc-
tiva." "Se hace lo que se puede y con lo que se tiene a mano."
"El cojo bueno, escrita en 1995, es un experimento quizá fa-
llido (la influencia o el impulso cinematográfico es demasia-
do evidente: los párrafos hacen las veces de trozos de celuloi-
de, que se han yuxtapuesto como en un montaje). Supongo
que podría salvarla -al menos afectivamente- la extraña tesis
del perdón que guarda y que se esboza apenas.") y a Tres no-
velas exóticas. Que, debo decir, son los libros suyos que más 
me gustaron.
 Finalmente, es necesario agregar que hay una suerte de núcleo
en la obra del guatemalteco, ese monstruoso período que va de
1960 a 1996, de guerra interna, con tremendos genocidios pade-
cidos por los descendientes de los mayas. Ese ineludible está en 
el corazón de varios libros de Rey Rosa, con su manera sutil,
con su ligero desentendimiento de la cuestión política, a la vez
que con el horror y el peligro que lo caracterizan. 






 Hay en Rey Rosa un sutilísimo manejo de la violencia que
forma el núcleo de su obra. Y eso que resulta muy difícil
mantenerse sutil cuando se habla de los kaibiles, una tropa
de élite, en realidad de los más despiadados asesinos de la
tierra, que formara el régimen militar en su país y que luego
se exportara a los cárteles de México.
 Es esa delicadeza sostenida en medio de las situaciones más
irracionales y violentas la que creo caracteriza a Rey Rosa.
 Y la que suscita, entre muchas otras cosas, mi extrema valo-
ración.
 Ah, y un detalle más: en varias ocasiones, así, tangencialmen-
te, menciona a la Argentina. En varias entrevistas se refiere a Borges como un iniciador, tanto de su carácter de lector como
de su escritura. Y, cosa rara, todos sus personajes hablan de 
'vos', como si el escritor mismo fuese argentino.







domingo, 13 de agosto de 2017

EL EXTRAÑO CLEMENTE RÉBORA




 VOZ DESDE UN MIRADOR MUERTO

 Un cuerpo aplastado a pulpa
 Resurgiendo con ondas de cara
 Desde el hedor del aire arrancado con los dientes.
 La tierra un fraude.
 Cableado-de-furia no he de llorar.
 Eso es para aquellos que pueden, y para el lodazal.
 Pero si regresas
 Un hombre de la guerra
 No andes contándole a aquellos que no saben:
 No andes contando esta cosa donde sea que hombre
 Y vida estén aún hablándose.
 Pero agarra a la mujer
 Una noche, después de una vorágine de besos,
 Si es que regresas;
 Y sisea en su oído que nada en este mundo
 Redimirá lo que se ha perdido
 De nosotros, lo putrefacto de este lugar.
 Aferra con fuerza su corazón hasta casi ahogarla;
 Y si ella te ama, lo sabrás a través de la vida
 Mucho después, o nunca jamás. 

Clemente RÉBORA nació en Milán en 1885, en una fami-
lia genovesa laica. Fue oficial en el frente nor-oriental du-
rante la Primera Guerra Mundial. Resultó gravemente heri-
do por metralla, y fue hospitalizado por "fuerte trauma ner-
vioso" y diagnosticado (sic) como "una manía por lo eterno".
Parece ser que a ciertos poetas le tocan diagnósticos poéticos.
Luego de la guerra y de una larga crisis espiritual, se convir-
tió en sacerdote en 1936. Algunos señalan que en un verso
de los años 20, anticipaba esa conversión:
 "Dall'imagine tesa
 Vigilo l'istante
 Con imminenza d'attesa..."
 Es uno de los grandes poetas italianos del Novecento, y po-
dríamos decir, de toda la historia literaria italiana.
 Murió en Stesa en 1957.



 FUENTE

 MPT. Centres of Cataclysm. Bloodaxe Books, 2016.
 La versión en inglés es de Cristina Viti.

martes, 8 de agosto de 2017

UN CATÁLOGO DE IMÁGENES




 Que las palabras puedan suscitar imágenes es algo de lo
mucho que damos por sentado, pero cuyo proceso mental 
es de una gran complejidad. ¡Tamaña traducción! Lo inte-
resante de este proceso es, según me parece, que se pueden
crear imágenes, además de representarlas. En otras palabras
-nuevamente palabras- que se pueden generar imágenes que
nunca han existido, además de reproducir lo mejor posible
las que sí existen. Con lo cual la cuestión de la existencia
se amplifica notoriamente. De hecho ("hechos y no pala-
bras"), la reproducción verbal o escrita de las imágenes
'reales' suele resultar bastante aburrida. ¿Cómo no preferir
la imagen 'real' a la descriptiva? Razón suficiente para desba-
ratar la locura del 'realismo socialista', por ejemplo. El arte
de la palabra en este caso produce justamente una realidad
nueva, una porción de realidad que se agrega al núcleo en
expansión de Lo Real. En un procedimiento de traducción
también gigantesco, las artes visuales recorren otro camino:
a través de una imagen que hasta entonces no existía, crean
una forma de nombrar sin palabras, aportan un lenguaje a
lo que permanecía silencioso, opaco, invisible. 
 Ambos idiomas sólo adquieren sentido si se enlazan a las
emociones humanas. Ese otro misterio que podríamos ca-
tegorizar como tan importante como el paso del tiempo.
 "Misterio" y "paso del tiempo", lo habrán notado al leerlas,
son sólo palabras, cuyo puente con algo  al cual se refieren
nos parece -otra vez- evidente sin serlo en modo alguno.
 Por otra parte, un catálogo como este no pasa de ser un
muestrario casi ridículo de lecturas y preferencias. Una pe-
queña muestra. Subrayados de muchos años sucesivos que 
se vuelven públicos en este momento.


 En alguna parte del mundo, al pie de un terraplén,
 un desertor parlamenta con centinelas que no
 comprenden su manera de hablar
 Robert DESNOS. Poesía francesa contemporánea.

 Leysin. Nieve y nubes en el valle hasta las cumbres. Por
encima de este mar inmóvil y algodonoso, los grajos como
gaviotas negras vuelan en bandada, recibiendo sobre sus
alas la llovizna de nieve.
 Albert CAMUS. Carnets.

 ...en el delirio, en el ensueño, en la demencia, la intensidad
de las imágenes es absolutamente comparable a las de las
sensaciones
 Macedonio FERNÁNDEZ. Citado por Germán García, en
"Macedonio Fernández, la escritura en objeto".

 El nombre, con su cuerno, abre un camino en el sueño y
el hombre camina por ese sendero. Un sendero tembloroso.
Siempre crudo.
Roberto BOLAÑO. Putas asesinas.

 Imagina que te acercas a un espejo. En él se forma una ima-
gen: tu nariz, tos ojos, tu boca, tu traje. Eres tú, deberías ser
tú. Sin embargo hay algo en el reflejo, algo que no es el ver-
de de los ojos, ni el dibujo de los labios, ni el corte del traje,
algo que te hace decir bruscamente: han puesto a otro en el
espejo en lugar de mi reflejo.
Jean Paul SARTRE. Cit. por Bernard-Henry LEVY, en "El
siglo de Sartre". Dice que esta idea le surgió al filósofo fran-
cés al notar el parecido inquietante de las dos orillas del Gran
Canal, en Venecia.

Los ásteres azules están poblados de antómidos. Una Vanes-
sa atalanta pasó rozándolos. Luego se lo tomó con calma pa-
ra que yo pudiera admirarla; merece la pena, porque los hilos
rojos se le desprenden de la delicada estructura.
Ernst JÜNGER. Pasados los setenta V. Diarios 1991-96.

 como rosas en un banco de hielo
 Jean COCTEAU. Thomas el impostor

 Sólo innumerables cadáveres de sandalias difuntas. Un ta-
piz de sandalias.
Víctor SEGALEN. Viaje al País de lo Real. (Un viaje por la
China Central, en 1914.)

 Mirábamos la luna redonda y un montón de lucesitas 
zambullidas en la coloreada noche como el alcohol verde
 Giorgos SEFERIS. 6 noches en la Acrópolis.

 el invierno tiene en Inglaterra el aspecto incoloro y hu-
meante de una freiduría de pescado.
 V.S. PRITCHETT. Cit. por Martin Amis en "Visitando a
Mrs. Nabokov".

 colgaban los pensamientos como banderas bajo la lluvia
 Marnix GIJSEN. Poesía belga contemporánea.

 las escaleras descendían al césped
 Jean RHYS. Sonríe, por favor.

 Es una rinconada de la calle. Los sacerdotes se precipitan
en ella como el vino en el embudo. Llevan vendas que su-
jetan sus sombreros recogidos por las manos. Todos pade-
cen dolor de muelas.
 Max JACOB. El cubilete de dados.

 Urracas devoran orugas de primavera.
 Alberto LAISECA. La mujer en la muralla.

 Una imagen literaria destruye las imágenes perezosas de
la percepción. La imaginación literaria desimagina para
mejor reimaginar.
 Gaston BACHELARD (¿Fuente?)

Con todo, seguía sin poder dar crédito a mis ojos: los árbo-
les de un verde dorado, la anciana de paseo con su pequinés, 
los niños que salían de una casa corriendo hacia el buzón de
la esquina, sus gritos como molinillos suspendidos en el ai-
re otoñal.
Amitav GHOSH. Líneas de sombra.

El coche llega, masticando la gravilla recién peinada.
Justin CARTWRIGHT. El dinero de los demás.

Su alma se desvanecía poco a poco mientras oía derramarse
la nieve débilmente sobre todo el universo, como a la llegada
de la última hora a todos los vivos y los muertos.
James JOYCE. Dublineses.

Con botas de 7 estrellas ven por la noche
y envuelto en amor acércate a mi carpa.
Las lunas se elevarán de las polvorientas cajas del cielo.
Descansaremos de nuestro amor como dos fieras raras
en las altas cañas donde termina el mundo.
Else LÁSKER-SCHÜLLER; Cit. por F. Grunfeld en "Pro-
fetas malditos".

Lluvia pálida sobre el puerto que se desvanecía
y sobre la iglesia tamaño caracol mojada por el mar
Dylan THOMAS. Poemas.

Camina despacio, porque caminas sobre mis sueños.
William Butler YEATS. Cit. por Henry Bauchau, en "El
bulevar periférico".

 En la autopista, a la altura de las torres de Marcouville,
un gato aplastado, como sellado en el asfalto.
Annie ERNAUX. Diario del afuera.

 y el cielo es de un azul que te obliga a mirarlo en busca del
oro de los ángeles, el aire, claro pero no completamente cla-
ro, porque hay una humedad tenue, finísima, y es tan deli-
cioso observar a través de ella (o casi mirarla directamente)
que a uno le dan ganas de frotársela por la piel, un aire cuyo
grosor tiene la capacidad de volver palpables los espacios:
en mañanas como estas nada parece estar mal.
Harry MATHEWS. Veinte lineas por día. (Una joya)

¡Ah, hoguera de madera muerta sobre el hielo
(¡Oh, flama de un instante, corazón ávido de olvido...!)
Oscar L.W. MILOSZ. La bruma y otros elementos.

El lago
las orillas
absortas.
Johannes BOBROWSKI. En Hora de Poesía 94-6.

A la lámpara se le rompe el corazón de luz.
Ingeborg BACHMANN. Id O.

Primavera: el viento turba al río pero el cielo es impertur-
bable.
SU-TUNG P'O. En O. Paz. "Versiones y diversiones", tam-
bién.

 La luna emerge tras las rocas, y la ciudad blanca se vuelve
aún más blanca, las piedras compiten con la luna por ver 
quién brilla más, y en dulce armonía fluyen el Ródano y el
Saona, uno con prisa, el otro con parsimonia, ambos rumbo
a la misma meta, la unión tanto tiempo deseada, y abrazan
la ciudad blanca como si fuese un tesoro, para nunca más
soltarla.
Joseph ROTH. Las ciudades blancas. (La experiencia más 
plena de alegría de este escritor extraordinario).

Ella sonrió su sonrisa lejana. Significa que el universo no
tiene confines, contestó.
Antonio TABUCCHI. Para Isabel. Un mandala.

Me helaré hasta el cielo,
las estrellas como peces se congelarán en mí
y en el hielo transparente
se estremecerá el remolino del mundo.
Frantisek HRUBIN. En Cormorán y Delfín, N° 26.

 Abro la escotilla: la luna ha inundado el lago.
 Marineros y pájaros acuáticos sueñan el mismo sueño.
 SU TUNG PO (1037-1101). En Octavio Paz: "Versiones
y diversiones".

 Hay jardines que ya no tienen país 
 Y están solos con el agua
 Georges SCHEHADÉ. Poesías.

 Paisajes como cubrirse con una manta la cabeza.
 Henri MICHAUX. Ecuador.

 y el sol de octubre,
 como en verano,
 en el hombro de la colina.
 Dylan THOMAS. Poema de octubre.

 como la lluvia y las abejas en la luz
 Oscar L. MILOSZ. Poemas.

 El pulso del estanque late
 Michel DELGUY. Antología de la poesía francesa.

 Estoy solo en una galaxia de imágenes
 Hans M. ENZENBERGER. 

 Aquello que es del dominio de la imagen es irreductible
por la razón y debe permanecer en la imagen so pena de
aniquilarse.
 Antonin ARTAUD. Van Gogh, el suicidado por la sociedad.

 Negras las banderas
 cubriendo el cielo
 Max AUB. Antología apócrifa.

 Es primavera: 
 la colina sin nombre
 entre la niebla
 BASHO. Antología del Haiku.
(Hay que decirlo: los poemas chinos, y casi diría 'orientales',
si incluimos a los japoneses y a los coreanos, son un semille-
ro interminable de imágenes. Es como pescar con red en me-
dio de un cardumen.)

 El niño ciego
 guiado por su madre
 frente al cerezo en flor.
 ENAMOTO KIKAKU (De un ejemplar de la Revista Fic-
ción de hace muchos años; una nota de Osvaldo Svanascini).

 Es una mujer joven y bajo sus pasos las imágenes se levan-
tan en profusión.
 Julien GRACQ. ¿Se llamaba 'El ojo del bosque' su novela?

 Las fronteras todavía cuelgan como mangas
 Los cocheros del juego de sombra contemplan en la
orilla del mar a los centinelas de la inmovilidad.
 Louis SCUTENAIRE. Antología de la poesía surrealista.

Ayer, Dunkerke bajo una lluvia siniestra. Ciudad inglesa. A-
vería en La Panne, inclinado sobre su caja de herramientas,
escuchaba a alguien decir detrás mío: "No me extraña que
no me respondan en el Ministerio de Guerra". Me doy vuelta,
era el rey. Miraba nuestra depresión con su ayuda de campo.
Muy chic, anteojos, con el aire del "profesor de matemáticas
buen tipo".
Jean COCTEAU. Cartas a mi madre.

porque los labios de ella parecen mascar y mascar en la di-
rección de las manecillas del reloj. Una vez tiene que ahogar
una carcajada porque se imagina cruzando el ecuador con e-
lla, llegando al hemisferio sur y sintiendo su boca cambiar
de dirección.
Kathryn HARRISON. La mujer de nieve.

 En cuanto "hijo de buena familia", educado, bastante sano,
ni feo ni guapo, sólo pasable, haciéndole la corte a sus pri-
mas, alumno mediocre, un tanto enmadrado, delicado, in-
quieto, y al mismo tiempo burlón, parlanchín, provocador,
a menudo insoportable en el colegio y golpeado por sus
compañeros más mayores, sociable, frívolo, audaz o tímido
según las circunstancias.
Witold GOMBROWICZ. Testamento. [Un esbozo de auto-
retrato]

 Medianoche. Sin olas,
 sin viento, el bote vacío
 está inundado de luz blanca.
 DOGEN (1200-53). Zen poems

 ...y que lleva a la hierba veloz por un largo sendero hacia
el aire vivo
 Adrienne RICH. La extranjera.

 conciencia semejante a una sucesión de lavas
 Henri MICHAUX. Movimientos/ Yantra.

 En el sueño de aproximarme a los 40 me vi como si estuvie-
ra a punto de morir y comprendí que no era yo mismo, sino
un ser habitado de arriba abajo por parásitos, como una oruga
ocupada por las larvas del icneumón.
 Cyril CONNOLLY. La tumba sin sosiego.

 Los chicos de Sarajevo. huérfanos en medio de las ruinas.
Está Mario. Dice: "a la noche sueño que mi mamá está viva",
Tiene un gorro que le tapa los ojos, sonríe. La tele lo vuelve
luminoso, como si estuviera en un vitral.
Annie ERNAUX. La vida exterior.

Noche muy corta
Con perlas de rocío
Sobre la oruga
BUSON. Jaikus inmortales.

 Al principio buscábamos estas imágenes con la obsesión
del coleccionista. Hasta que al final comprendimos la verdad: 
eran ellas las que nos habían buscado. 
Isaac LENAU. Cit. por Allan Wall en "Bendito sea el ladrón".

Unos levantan chozas
de sal rosa.
Jean TORTEL. Antología poética francesa.

El viejo granjero con mameluco cuelga de una viga del gra-
nero. Las vacas miran de costado. La vieja arrodillada, bajo 
los pies que se balancean, con el vestido negro de domingo,
y tocando el suelo con la frente como una musulmana. Afue-
ra, el cielo está lleno de nubes espumosas sobre un intermi-
nable campo arado sin otras señales a la vista.
Charles SIMIC. El mundo no se acaba.

O en la carretera de Rublovka, el Neuilly ruso; abedules ilu-
minados de noche por los fuegos artificiales. Los troncos 
blancos alineados parecían pajas translúcidas que aspiraban
la nieve hacia el cielo.
Frederic BEIGBEDER. Socorro, perdón.

Eran las diez mil fotos famosas que Atget había hecho de un
París ya fenecido, aquellas magnas imágenes calladas, baña-
das en el color pardo del cloruro de oro.
James SALTER. Juego y distracción.

las curvas de un vaso reflejan los rostros
Jean FOLLAIN. Espacio del instante.

El mundo se va encogiendo y concentrando a medida que pa-
samos más tiempo en él.
Richard FORD. Francamente, Frank.

una película de 5 minutos rodada en la Atenas del s.V mo-
dificaría de arriba abajo la visión que de ella nos dan los his-
toriadores.
Claude LÉVI-STRAUSS. De cerca y de lejos.

ya para siempre seguro como un insecto preso en el ámbar
bello como una catedral de helechos en el carbón salvada
Zbiegniew HERBERT. Informe desde una ciudad sitiada.

El Fakahatchee es de una belleza particularmente extraña y
excepcional. Bajo la luz del sol las praderas de hierba parecen
un gran manto de seda salvaje.
Susan ORLEAN. El ladrón de orquídeas.


El Kremlin no es más que una isla negra, contra la que rom-
pen las olas del mar en llamas.
CHAUTEBRIAND. Cit. por W.G. Sebald en "Historia de la
destrucción".

el quemante frío iluminaba
las inscripciones labradas de los parientes de mi madre;
20 o 30 Winslows y Starks.
La escarcha les había otorgado a sus nombres un borde de
                                diamante.
Robert LOWELL. Poemas.

La obra es, como quería Walter Benjamin, la mascarilla fu-
neraria de la concepción.
W.G. SEBALD. Entrevistas.

El piso más mojado como vidrio
Refleja una gaviota parada.
Robert FROST. Cit. por Brodsky en "Conversations with
Joseph Brodsky".

así como las palomas que recorren el zinc, con las manos a
la espalda, de un lado para otro.
Jean COCTEAU. Opio.

-Bueno, si haces arder totalmente una cerilla se retuerce por
completo, esto produce, naturalmente, una enorme tensión
momentánea en el material. 
-En Nepal asistí una vez a una cremación pública: junto a un
río -era mentira, sólo lo había leído, pero veía la pira ante mí.
- ¡Oh! ¿Y qué ocurrió?
-El cráneo estalló. Hizo un ruido espantoso. Era como si se
estuviera asando una castaña enorme.
Cees NOOTEBOOM. La historia...

No por ello satisfecho. Todo lo contrario: martirizado, tenso,
inquieto y sin encontrar nada importante que asir, vigilando
sin tregua, la cabeza constelada de ventosas.
Henri MICHAUX. Retrato de los Meidosems.

como un tractor parado por la tarde en los surcos de un cam-
po que no terminó de ararse
H.M. Id.

Las clavijas de las góndolas-violines se mecen emitiendo un
silencio intermitente.
Joseph BRODSKY. Marca de agua

Loa ríos se entretejen como cintas -más o menos plateadas-
en la llanura.
Alfred POLGAR. La vida en minúscula.

La primera imagen del día: no tanto las cimas de Albania,
cubiertas de nieve, al otro lado del lago, cuanto el reflejo
tembloroso de los cristales del autobús circulando por el
asfalto.
Peter HANDKE. Ayer, de camino.

Como una mosca patilarga en el arroyo
se mueve su pensamiento en el silencio.
William B.YEATS. Cit. Por S. Heaney, en "De las emocio-
nes a las palabras".

Una draga que arrastraba un bote a muchas brazas a estribor,
de manera remota, umbilical.
Malcolm LOWRY. Piedra infernal.

los clérigos jóvenes que se reunían junto a la iglesia el sába-
do por la tarde
Adam ZAGAJEWSI. La belleza ajena.

 En un lejano recodo del verano
unos monjes juegan al fútbol.
John ASHBERY. En la revista Hablar de Poesía N° 8.

una chica pequeña guiaba a una chica más pequeña aún por
una calle polvorienta directamente hacia adentro del mundo.
Werner HERZOG. Conquista de lo inútil.

El hijo mayor de nuestro Emperador es todavía un niño, pero
se ve espléndido cuando está en brazos de sus Excelencias,
sus guapos tíos jóvenes, o cuando lo atienden los cortesanos
ancianos, o cuando su caballo es llevado a una ceremonia. Al
ver al joven Príncipe en esos momentos, se diría que nada in-
conveniente podría sucederle jamás.
SEI SHONAGON. El libro de la almohada.

Yo no podía hacer la Gran Muralla
sin cortar las venas de la tierra.
MENG TIEN. Cit. por Roberto Calasso en "Los cuarenta y
nueve escalones".

Desde que se instalaron los vertederos de basura en Bogdans-
ki Dolina y los montones de desperdicios crecen hasta el pun-
to de cerrar el paso a los vientos del norte, el aire se enturbia
hacia el mediodía sobre la ciudad, la campana gelatinosa del
hedor vibra sobre los tejados y hasta las gaviotas más feroces
enmudecen en su interior. Un silencio paralizante se cierne
sobre los muros y solamente pueden oírse las moscas que
golpean las ventanas. Atraviesan incluso los cristales y reco-
rren las sombrías habitaciones como negros latigazos.
Ádam BODOR. La visita del arzobispo.

 De algunas casas sobresalían espejos en soportes metálicos.
Estos espejos servían para que los habitantes pudieran ver,
sin asomarse a la ventana ni ser advertidos, quién llamaba a
la puerta. También mi reflejo reverberaba en ellos. Me pare-
cía que, a través de esta multitud de lunas bruñidas, en cual-
quier momento podría deslizarme a un mundo paralelo. Me
asustaba la idea de que al otro lado, dentro, oculta tras las
cortinas, pudiera verme a mí misma pulsando el timbre de
la puerta.
Dubravka UGRESIC. El ministerio del dolor. [Este libro 
trata el asunto del exilio, en este caso de Croacia a Holanda.]

El sol helado se alza silenciosamente
A través de la ventana cerrada.
LI CH'ING CHAO. 100 Poems from the Chinese, de Kenneth
Rexroth.

     TS'AI CHI'H
Los pétalos caen en la fuente,
    los anaranjados pétalos de rosa,
Su ocre se pega en la piedra.
Ezra POUND. Antología (ed. Visor)

 Una familia sentada en una piragua; la madre con un brillan-
te vestido amarillo, la niña con un bebé en su regazo sonrien-
do como un piano abierto.
Graham GREENE. En busca... (Resulta q en los cuadernos
anotaba estas cosas con esta clase de abreviaturas. En ese
momento tenía tan presente el título del libro, que pensaba
que nunca me lo olvidaría.)

 Cerca de la estación de Montevideo, en plena ciudad, en las
horas de calor, una tropa de elefantes resoplaban echados so-
bre los lomos, en un terreno baldío entre los edificios de ren-
ta. Hombres de impermeables los lavaban con mangueras, 
Los animales, chorreando agua, se entregaban a ridículas obs-
cenidades, que el tamaño de sus órganos y el uso soprendente
que daban a sus trompas hacían absolutamente monstruosas.
Roger CAILLOIS. La incertidumbre que nos dejan los sue-
ños.

pequeños campanarios innumerables y en un simple jardin-
cillo, entre miles de hierbas, el laberinto del eterno retorno.
Henri MICHAUX. Escritos sobre pintura. (Describiendo un
cuadro de Klee).

 Quien llegue a estos parajes provisto de la paleta de los pai-
sajistas italianos tendrá que deshacerse de los colores dulzo-
nes. La tierra está agostada por el sol, enronquecida por la
sequía, y tiene un color ceniciento que de vez en cuando se
torna violeta o agresivamente rojo.
Zbigniew HERBERT. El laberinto junto al mar.

 CUMBRE DEL HUAZI
 pájaros
       pájaros
 en el espacio eterno
WANG WEI. Poemas del río Wang.

 Largas y delgadas
 tiemblan de rocío
 las valerianas
Matsuo BASHO. Diarios de viaje.

donde las cosas inanimadas tienen la fijeza de una ebrie-
dad recién desaparecida
Fleur JAEGGY. Vidas conjeturales. 

 Sócrates aconsejaba a los jóvenes que se miraran a menudo
en el espejo: para que, viendo lo hermosos que eran, se vol-
vieran dignos de ello (axioi gignointo).
Guido CERONETTI. El silencio del cuerpo.

 Este "mucho más" tiene que ver con cosas sutiles. Podría
decirse que tomar una esposa es dotarse de una historia. Y
si ello es así, debo entender que yo estoy ahora fuera de la
historia. Como los caballos y la niebla. O podría decirse
que mi historia me ha dejado. O que he de seguir viviendo
sin historia.
Raymond CARVER. Tres rosas amarillas.

 el desierto, su corazón seco bombea arena
Wojciech KASS. En Poesía a contragolpe. Antología de
poesía polaca contemporánea.

 Pasaba horas desmedidas en el gigantesco barrio de Hrads-
chin, desierto y silencioso. A la sombra de su catedral, a la
hora en que bajaba el sol, mis pasos solitarios hacían retum-
bar las calles.
Albert CAMUS. El revés y el derecho.